Caso Messi: dinero y pandemia, libertad aparente, fines y medios

Por: Erasmo Marín Villegas*

En las revueltas de 1968 no se derribó la organización existente, más bien se estableció una Sociedad del Espectáculo que inmoviliza el pasado, sin fincar un porvenir. Inició la autodestrucción.

Guy Debord, filósofo francés.

Metáfora del individuo y el sistema

El sistema comercial funciona con dinero -poderoso caballero- y nadie escapa a esa ley escrita en los cuerpos. Esta vez le tocó a Lionel Andrés Messi Cuccittini, ganador de seis balones de oro y considerado el mejor jugador de fútbol del planeta. Por los reportes periodísticos se supo que el club Barcelona estaba en quiebra técnica y no podía recontratarlo, aunque él quería continuar donde militó por 21 años, de los 13 a los 34 años de edad, toda una vida deportiva. “El año pasado quería irme y este año quería quedarme”, reprochó en conferencia de despedida. Curioso: el sistema comercial deportivo lo obligó a quedarse en 2020, cuando quería irse. Ahora en 2021, cuando quería quedarse, no pudo.

El caso de Messi importa como metáfora de la libertad aparente. En realidad, valga la paradoja, es “libertad esclavizada”. Puedes ser el mejor en tu ramo y ni así garantizas que tus deseos se realicen. Se trata de un conflicto profundo entre individuo y sistema. No hay compatibilidad de metas. El sistema coloca al individuo como mercancía. Lo trata como un medio, no como un fin. Fue el filósofo alemán Emmanuel Kant quien argumentó con firmeza que “los hombres no deben ser tratados como medios, porque son un fin en sí mismos”. La ilustración y su parámetro humanista es pálida sombra en el sistema económico global. Puede citarse el caso del francés Kylian Mbappé como calca del conflicto Messi, pues Mbappé -de 22 años de edad- no renovó contrato en su club, el París Saint Germain, con el objetivo de firmar este verano con el Real Madrid, que le presentó una oferta de 200 millones de euros. ¿Qué sucedió? El jeque árabe (de Catar), dueño del PSG, dijo que le sobra dinero y que sólo existe un Mbappé. Antes, el jeque Nasser Al-Kherlaifi había contratado a Messi, y también un poco antes había desembolsado 500 millones de euros por el brasileño Neymar da Silva Santos Júnior, y llevó como refuerzo al PSG al defensa central del Madrid, Sergio Ramos. El jeque usa el dinero cuando quiere y no lo recibe cuando le conviene.

El deporte globalizado responde, por lo aquí reseñado, a parámetros que generan un corto circuito entre individuos y sistema. Lo que ocurre en otras áreas sociales, generando estrés y frustración existencial, aparece magnificado cuando de estrellas deportivas y cobertura mediática se trata.

¿Hacia dónde camina el mundo si el individualismo contemporáneo rebota contra el muro de un sistema que otorga libertad esclavizada? Es cierto que, al tratarse de personas famosas y multimillonarias, no se puede hablar del mismo grado de frustración existencial. Millones de personas quisieran un empleo cualquiera, no los lujos de Messi, Neymar y Mbappé. Sin embargo, como metáfora del trabajo libre y el trabajo forzado actual, el caso Messi plantea el dilema del ser humano visto como medio y no como fin en sí mismo. El sistema económico capitalista encuentra así su abismo del siglo XXI ¿cómo conciliar bienestar y felicidad colectiva con la generación de ganancias y el estatus colectivo del dinero como dios moderno? 

Muro de prejuicios con coartada higiénica

El apartheid no es exclusiva referencia a Sudáfrica: desde el 2020, la historia muestra que por el temor a la pandemia diversos países establecieron un cerco sanitario denominado “Apartheid global”. De esta manera, las naciones poderosas cerraron sus fronteras para “filtrar” el acceso a migrantes o turistas sospechosos de portar el virus del Covid-19 y sus variantes letales. En el llamado Primer Mundo, ante el peligro desconocido y como cuestión de sobrevivencia, sonó el botón rojo para aplicar restricciones.

El apartheid, en sentido social, consistía en un sueño de pureza: evitar a toda costa la mezcla de razas. En la actualidad sanitaria, la política Apartheid Global consiste en mantener distantes (segregados) de las metrópolis a los individuos “destinados” al contagio y propagación. En sentido biológico, esta política parece una nueva fase de la selección natural de la que habló Charles Darwin. La supervivencia del más apto se sustituye por la supervivencia de los no contagiados.

La teoría del síndrome de saneamiento, como la denomina Maynard Swanson, consistió en establecer una Ley Sanitaria en Sudáfrica con visibles rasgos discriminatorios: “Los barrios pobres superpoblados y faltos de higiene son señalados como el origen de las enfermedades infecciosas que afectan a la comunidad. Como medida de salud pública, se desaloja el barrio y se traslada a sus habitantes a un lugar (emplazamiento) fuera del cordón sanitario de la ciudad. Es posible que la epidemia que dio lugar al pánico pase, pero el hombre negro, concebido ahora como portador en sí mismo de la infección, permanece segregado, con la orden de vivir indefinidamente fuera de la ciudad” (J.M. Coetzee, Contra la Censura.)

La clase social también figura en el apartheid. El mapeo de las metrópolis incluye colonias populares de libre acceso, donde a decir del crimen organizado es ideal para reclutar a su ejército clandestino. Los sujetos reclutados inician como halcones, y de acuerdo con sus destrezas van ascendiendo de grado, con amplias posibilidades de contar con nuevo domicilio. Es de sentido común, para las autoridades judiciales y las propias estadísticas del INEGI, señalar que en esas colonias predomina el temor al delito; es inseguro vivir ahí por el robo en el transporte público, consumo de alcohol en las calles, violencia familiar, robo, asaltos, vandalismo, venta y consumo de drogas, disparos frecuentes con armas, pandillerismo, tomas irregulares de luz y venta ilegal de gasolina, entre otras acciones fuera de la ley. En contraparte, los portones automáticos bloquean el acceso a los intrusos,; sólo con credencial digital de residente o portando uniforme de trabajador de limpieza, jardinero, obrero de mantenimiento, cocinera, chofer, nana o guarura, se tiene la posibilidad de entrar al mundo de los millonarios.    

Multitudes sin cubrebocas y carreras espaciales

Siendo optimistas, se puede ver el caso Messi como válvula de escape frente a la realidad de la pandemia. Pero no es fácil ser portador de optimismo: las multitudes que salieron a la calle en París desatendieron medidas higiénicas de protección, en desorden descomunal. ¿Cuántos casos más de contagio se presentarán vía multitudes acicateadas por los medios? Incluso así, la “bocanada de aire fresco” para las desgracias mundanas seguirán siendo los fenómenos mediáticos al estilo Messi. Así funciona el espectáculo y el entretenimiento. Nadie quiere quedarse en casa si otros están afuera. En las redes sociales, se siguió en tiempo real cómo el astro argentino fichó para el París Saint Germain por un salario neto de 47 millones de dólares anuales. Dinero llama dinero. En pocos días, se vendieron un millón de camisetas con el número 30 que Messi eligió a semejanza de su comienzo en el Barsa. Su popularidad impactará los números de su nuevo equipo: 246.5 millones de seguidores que alcanzó en Instagram y que quizás migren a los sitios oficiales del PSG. Para abandonar su zona de confort, Messi tuvo que reajustar su vida familiar: sus tres hijos pequeños disfrutaban de sus amigos catalanes y su esposa Antonella Racuzzo se oponía al cambio de ciudad. Pero el sonido del dinero que sobraba en París y escaseaba en Barcelona lo decidió todo. Mientras tanto, Kylian Mbappé es compañero de Messi y por ahora el joven francés tuvo que malvender de prisa una casa que en Madrid ya había adquirido su familia (para mudarse). Los 200 millones de dólares que ofreció el Real Madrid por su contrato de compraventa encontraron el silencio del dueño catarí del PSG. Dinero no necesita dinero si se trata de las élites financieras mundiales. 

Pero ¿cómo conciliar dinero, individualismo y sistema económico? Una alternativa de altura es la que ofrecen los multimillonarios Richard Branson y Jeff Bezos, quienes iniciarán en el 2021 la carrera por conquistar el espacio con viajes comerciales. Con un pago promedio de 250 mil dólares, usted podría flotar a 80 kilómetros de altura en relación al planeta Tierra, desprenderse de su cinturón de seguridad y disfrutar de 11 minutos en la ingravidez; admirar la curvatura de la tierra y tomarse el video de su viaje espacial. Entre los 600 clientes con tickets apartados para esta experiencia se encuentran Elon Musk, Justin Bieber y Leonardo DiCaprio. Los viajes son de ida y vuelta: se realizan el mismo día. El dinero flota en el espacio, mientras las necesidades crecen en la Tierra. Otra paradoja del sistema económico, en su fuga hacia aventuras espaciales, mientras el virus del Covid-19 persiste en nuevas variantes.  

Devórame otra vez, pero no me comas

En su libro “La sociedad autófaga, capitalismo, desmesura y autodestrucción”, el filósofo alemán Anselm Jappe recrea el mito de Erisición. Este relato proviene de la antigua Grecia y narra la historia del Rey que se autodevoró para saciar su hambre. Su tragedia inició cuando en un arrebato de soberbia mandó a talar los árboles del bosque de las ninfas para construir su palacio. Por esa decisión anti-mitológica, los dioses lo castigaron con hambre infinita. El Rey Erisición, para saciar su apetito, se comió su rebaño de ovejas, los caballos de su cuadrilla y todo lo que estuviera a su alcance. Al final tuvo que alimentarse con su propio cuerpo. 

Sin evocar la tragedia griega, pero en el mismo sentido, la humanidad del siglo XXI construye su propio mito de autofagia. Un informe reciente de la Organización de la Naciones Unidas (ONU) sobre el acelerado calentamiento global prendió el código rojo: “los eventos extremos de calor serán más frecuentes y se llegará a niveles de tolerancia crítica para la salud y la agricultura”. Las afectaciones serán visibles con el aumento del nivel del mar, inundaciones e incendios constantes. No molestamos a las ninfas, pero sí descuadramos a la naturaleza.

“Las huellas de la influencia de los seres humanos en los sistemas climáticos son indiscutibles”, advirtió el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (2020). Los efectos del cambio climático afectan a todos los países, sin excepción. Los individuos, mientras tanto, no entienden el sistema que se autodevorará. “Si no se toman medidas drásticas desde ya, será mucho más difícil y costoso adaptarse a sus efectos en el futuro”.

Messi y el cambio climático tienen algo en común: dependencia al dinero y ausencia de libertad. Libertad esclavizada. Sin la unión de individuos en nuevas organizaciones para la toma de decisiones con responsabilidad (y sin el dios dinero) el sistema económico y el planeta colapsarán. Mientras tanto, los viajeros espaciales VIP disfrutarán viendo el planeta en la ingravidez de un espectáculo pagado a golpe de dólares. Así vamos.    

“Madre, yo al oro me humillo (…)

Francisco de Quevedo, poeta español.

Foto: Internet.

*Erasmo Marín Villegas es Licenciado en Comunicación (UV) y Maestro en Docencia (UVM Campus Villahermosa). Ha sido coordinador Editorial de Diario Presente y director de Relaciones Públicas de la UJAT. Desde 2001 a la fecha imparte cátedra en la División Académica de Educación y Artes (DAEA) de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT).

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