El dilema de los videojuegos*

Por: Mauricio López Flores

Desde que comenzaron a salir en el mercado, los videojuegos han sido considerados programas que afectan la estabilidad emocional debido a la influencia que ejercen en las nuevas generaciones, especialmente en los niños. Pero ¿realmente pueden generar conductas negativas?

Con el avance de la tecnología en los últimos años, se ha producido un profundo cambio en la sociedad, que incide en prácticamente todos los ámbitos de la vida. Hoy en día, el acercamiento de los niños con la tecnología se ha convertido en una constante. Con ello también se ha abierto un debate en torno a los videojuegos, ya que de una manera u otra influyen en la dinámica familiar, la educación de los niños, el ocio y la inversión de su tiempo.

Para la AEVI (Asociación Española de los videojuegos) el uso de los videojuegos mejora las capacidades y habilidades de los niños e, incluso, resultan útiles para regenerar los métodos educativos.

“Los videojuegos mejoran las habilidades cognitivas de los menores; desarrollan su inventiva, creatividad y la capacidad intelectual y de análisis, y motivan a superar retos, lo que incrementa su motivación y compromiso”, sostienen los portavoces de AEVI.

En contraposición, Sonsoles Vidal, doctora en Derecho Penal Juvenil por la Universidad Complutense de Madrid, argumenta que los videojuegos son uno de los agentes que separan a los niños de la familia en una etapa determinante para su educación.

Además, como cualquier otro tipo de juego -añade- crean adicción. No se trata únicamente del juego en sí o de los contenidos, sino del tiempo dedicado, el cual se deja de invertir en otras cosas.

“Pueden generar una mala comunicación con los padres y hacen que el menor se acostumbre a no dar explicaciones y a no expresar sus emociones en familia; también provocan un ambiente hostil y subidas del tono de voz en casa, entre otras más”.

Si bien los videojuegos pueden ser considerados como adictivos, el consumo de los mismos depende únicamente de la educación que los padres quieran brindar a sus hijos; no es malo que un pequeño juegue con su consola, todo dependerá del tipo de juego que consuma; es ahí donde los padres deben actuar y determinar un margen de lo que deba jugar o no, hasta que el menor sea capaz de tomar sus decisiones y elegir con responsabilidad.

También es cierto que cuando se fomenta una buena educación, nada puede afectar la estabilidad mental y social de los hijos.

Fotos: Internet.

*El dilema de los videojuegos es un trabajo del estudiante Mauricio López Flores para la materia Periodismo de Opinión que imparte el Mtro. Erasmo Marín Villegas en la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT). Edición a cargo de la Revista Gestión Empresarial.

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