Lo feo y lo sublime: hacia una estética atemporal*

Por: Anani Alejandra Juárez Hernández

“La belleza no significa nada. Hoy, lo bello es rosa; en seis meses, será lo verde. El estilo del mañana será la libertad y el reconocimiento de la diferencia. Debemos reemplazar la palabra “belleza” por la palabra “bueno”.
Philipe Stank

A lo largo de los años, la belleza ha sido valorada y calificada desde diversos puntos de vista y ámbitos.

Contrario a lo que se piensa, la belleza no es una cualidad regida por parámetros estéticos reales que establezcan qué debemos considerar como feo, mediocre, bonito o sublime; más bien su apreciación se limita a la mente de quien contempla algo a lo que le brinda una calificación determinada.

Es decir, se trata más bien de un concepto subjetivo, que en diferentes épocas se ha establecido por tendencias extremistas y modificables cada corto tiempo.

Partiendo de lo anterior, la belleza real podría resultar en una búsqueda absurda y estéril.

El famoso dicho popular “para gustos, colores” refiere que cada quien determina el valor de belleza con el que mira las cosas. Y es que, la contemplación es fundamental en el sentido estético, pues habla de la profundidad con la que vemos nuestro entorno o el arte.

Un atardecer –por ejemplo- no tiene siempre el mismo sentido estético para todas las personas; para alguien que su entorno estuvo rodeado de naturaleza y personas mayores, significaría el término de una jornada; en cambio, para un filósofo, el cuestionamiento sobre lo efímero de la vida y el día a día; un artista, a su vez, podría crear un sinfín de historias melancólicas a partir del mismo atardecer.

Lo personal y lo colectivo

Hay pues, una especie de sentido común que quiebra el inicio del equilibrio natural de los gustos. Hablamos de las experiencias o referencias que los individuos poseen, que por lo tanto derivan en una concordancia acerca de una inclinación hacia ciertos gustos; no es exactamente que los determinen más bellos, sino que con base en su entorno y cultura pueden tener ciertas preferencias estéticas.

Esto significa que dependiendo de las historias personales se puede crear un juicio crítico.

Un ejemplo de lo anterior es la idealización de lo bello según el género, y que se considere más importante la belleza en la mujer que en el hombre. Recordemos en épocas victorianas cómo las mujeres solían usar maquillaje con plomo o corsés que con el paso de los años les deformaban los huesos, atentando contra su salud física y emocional.

Pero los cánones de belleza evolucionan y no sólo se aplican a la figura femenina. Actualmente, hombres y mujeres son presa de la moda por la estética corporal y el atractivo sexual.

Foto: Internet.

Lo natural y lo cultural

Si nos limitamos a la naturaleza, lo cierto es que no hay nada en ella que logre calificarse como feo, pues la fealdad no es una propiedad de la naturaleza, sino de la cultura.

Esto quiere decir que belleza y fealdad son relativas, como la moda, las costumbres, las noticias, los estilos y los gustos; hablando -desde luego- no a partir de las cualidades humanas, sino de la satisfacción de unas minorías: diseñadores, modelos, artistas de la originalidad, creadores caprichosos, árbitros de la elegancia, estilos despóticos y tiránicos; sujetos volubles y de voluntades inconsistentes.

Lo que calificamos como “feo», es realmente una referencia de la contemplación y observación -o el residuo- de los estándares que se nos han impuesto desde pequeños.

La estética del arte

Foto: Internet.

Un ejercicio objetivo de análisis estético es admirar obras artísticas ajenas a nuestro tiempo y cultura. El arte griego, hindú o el japonés; la Venus de Milo o el Monasterio del Escorial; las Meninas de Velázquez o las pinturas de Goya no han perdido su valor estético aun cuando el gusto de la era ha variado, al contrario, las vemos con más admiración que en su tiempo.

He aquí una de las pruebas de lo espiritual e inmortal en el arte, de la estética de la belleza, que nos brindan la posibilidad de estar comunicados y observar el criterio de contemplación de cada época.

Por eso, si bien suele ser confuso el uso de la estética y la determinación crítica de los estándares de la belleza, sólo basta retomar y recordar; observar y contemplar lo pasado.

Fuentes: Estética cotidiana y juegos de la cultura: prosáica I de Kathya Mandoki / La aventura semiológica de Roland Barthes. Fotos: Internet.

*Lo feo y lo sublime: hacia una estética atemporal es un trabajo de la estudiante Anani Alejandra Juárez Hernández para la materia Periodismo de Opinión que imparte el Mtro. Erasmo Marín Villegas en la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT). Edición a cargo de la Revista Gestión Empresarial.

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