¿Prostitución regulada?*

Por: Yessica María Marín Ramos

En México, la percepción de la prostitución está dividida. Por un lado, hay quienes opinan que debe regularse lo antes posible y, por otro, quienes exigen que sea abolida en su totalidad.

La prostitución es un fenómeno que ha existido desde siempre en México, pero fue apenas a principios de junio de 2019 cuando dicha práctica se despenalizó, tal como sucedió en España, Canadá, Brasil, Austria, Alemania, Suiza y Nicaragua.

Pero lo anterior no implica que esté regulada de la mejor manera, por el contrario, existen muchos vacíos legales sobre los límites y responsabilidades en torno a ella, pues cada estado del país tiene normas diferentes y -por desgracia- poco claras.

¿Intercambio consensuado?

La prostitución consiste en el intercambio libre y consentido por dos individuos adultos donde se sostienen relaciones sexuales por dinero o cualquier otro bien.

Pero, ¿qué pasa cuando en la mayoría de los casos no es bajo consentimiento, ni una práctica limitada a personas adultas? Nada, no pasa absolutamente nada.

Si este intercambio no es libre y consentido, entonces deja de ser prostitución y empieza a ser proxenetismo, lo cual es una práctica ilegal, pero que en nuestro país es de lo más común.

Según la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina (CATWLAC), al menos 500 mil mujeres y niñas son explotadas en México, de las cuales el 75% fueron ingresadas a la prostitución desde los 12 años.

Entonces, ¿qué se debe hacer, regularse de una manera eficiente o prohibirse por completo? Es una pregunta difícil, pues ambas opciones implican tiempo, dedicación y significación por parte de las autoridades y la misma sociedad; el inconveniente radica en si realmente se quiere solucionar este problema, pues la situación actual de la prostitución en México, tanto voluntaria como forzada, asegura a dueños del capital proxeneta, policías y funcionarios, ganancias millonarias.

De acuerdo con los Censos de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México hay más de 800 mil personas dedicadas a la prostitución, de las cuales más del 90% son mujeres y niñas.

Esto se puede ver como una moneda: por un lado, existe una minoría de trabajadoras sexuales que practican la prostitución por consentimiento, y por el otro, muchas mujeres víctimas de explotación sexual que no son conscientes de ello, ya que dentro de las estrategias más comunes para llevarlas a ese rincón sin salida se encuentran el engaño, el enamoramiento, la amenaza hacía algún ser querido, secuestros durante citas falsas de trabajo o el chantaje de divulgar fotografías íntimas, entre otras situaciones de violencia.

Debido a ello, es aún más difícil saber qué camino elegir, porque no es sólo brindar atención médica a las trabajadoras sexuales o imponer reglas que castiguen a las personas que adquieran o asistan a algún lugar donde se practique la prostitución; la cruda realidad es que hasta en los hogares mexicanos se puede hallar esta práctica. Que haya consentimiento no significa que no implique explotación.

El ejemplo de Alemania

Y si nos fijamos en países como Alemania, donde se legalizó y se pensó que esto permitiría controlar mejor la trata, el proxenetismo y proteger de manera ideal a las trabajadoras sexuales, lo cierto es que sucedió todo lo contrario, pues las mismas autoridades han descrito los resultados como catastróficos: no existe un control del crimen organizado, aumentó la explosión del sector ilegal (mujeres extranjeras), es evidente el deterioro de la situación de las trabajadoras sexuales ya que la mayoría permanece bajo coacción y sometida al dictado de jefes proxenetas.

Es por eso que en México -y en muchas partes del mundo- parece más sencillo dar un carnet a las trabajadoras sexuales que desarrollar políticas que ayuden a resolver verdaderamente esta situación; así, gobierno y sociedad invisibilizan el problema.

Desde mi perspectiva, sí se debería prohibir la prostitución en México; es inhumano considerarla como un trabajo común y corriente cuando los daños físicos y psicológicos que causa en mujeres y niñas son evidentes.

Sé que puede ser un proceso difícil y tardado, pero como sociedad, un primer paso para abonar a su erradicación podría ser dejar de juzgar y discriminar a quienes por cualquier circunstancia han caído en las garras de la prostitución.

Foto: Internet.

*¿Prostitución regulada? es un trabajo de la estudiante Yessica María Marín Ramos para la materia Periodismo de Opinión que imparte el Mtro. Erasmo Marín Villegas en la Licenciatura en Comunicación de la UJAT. Edición a cargo de la Revista Gestión Empresarial.

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