¿QUIÉN NECESITA UN ARQUITECTO

Por: Mike Aldana

En el contexto de las discusiones relacionadas con la práctica de la arquitectura, van y vienen argumentos de distinto peso que hacen necesario reconocer que hay temas que se deben analizar no sólo en los medios, sino en las asociaciones profesionales, la academia, la sociedad. ¿Quién necesita un arquitecto?

Y la respuesta es muy simple o muy compleja si asumimos que la arquitectura es el resultado de construir lo que se diseña, o si damos lugar al proceso de generación espontánea de la arquitectura sin emitir el diseño previo, o si reconocemos títulos honorarios de arquitectos a los constructores. Rem Koolhaas emite su definición de arquitectura en forma de preguntas atemporales: ¿Cuáles son sus principios?[1]

Tal vez la necesidad de un arquitecto es la necesidad de la arquitectura diariamente: cuando dormimos, cuando vamos al baño, cuando comemos, cuando descansamos, cuando trabajamos, cuando nos divertimos, cuando compramos…

Tal vez no conozcas al autor de las obras que ocupas (casa, oficina, tienda, la ciudad misma), pero esa persona tiene responsabilidad si tienes un accidente o te atropellan, si te espían o te asaltan, si te enfermas o si mueres, si estás triste o deprimido, si estás a disgusto o en soledad, si contaminas y muere el planeta… los diseños erróneos se sufren toda la vida.

Y lo que pasa es que no nos damos cuenta de la compleja línea de producción que tienen los inmuebles y los procesos de transformación urbana que nos afectan a todos; por eso López Obrador reduce intencionalmente el discurso a una dicotomía albañil vs. arquitecto. ¡Una bomba!

El claro objetivo del presidente es congraciarse con su público cautivo, los deciles base de la economía mexicana; literalmente nuestros constructores líricos y quienes construyen ilegal o informalmente; ellos no contratan arquitectos, ellos pretenden ser sus propios arquitectos. Ellos tienen la mano de obra, son los dueños del medio de producción y también son electores fieles.

La llamada autoconstrucción o construcción ilegal equivale a la automedicación que sustituye la atención médica real: la enfermedad es la vida actual con su pobreza (material e intelectual), el hacinamiento, la fealdad del entorno, la necesidad del aspiracionista de crecer, de cambiar, de mejorar y ascender en la escala social, cultural. 

El remedio, que no el parte médico, es la obra negra que eventualmente podría terminarse pero que por lo regular se queda en castillos sin colar en una plana azotea gris, Esos castillos en el aire muestran a la vecindad la inteligencia de personas previsoras, de estrategas que piensan en el futuro.

En vez de acudir al doctor, los “enfermos” de la arquitectura acuden con sus pares que le proveen aliento, consejo, solución inmediata y, sobre todo, complicidad. Ante lo intrincado, equivocado, torcido, corrupto del sistema normativo de la construcción ¿quién necesita un arquitecto?

Yo no los culpo ya que conozco lo simple que suele ser la solución para una habitación extra, y lo ridículamente complejo que suelen ser los procesos legales de autorización para construir; así como ignorar una ley no exime al ciudadano de cumplirla (Ignorantia juris non excusat), conocer una ley injusta no exime de la obligatoriedad de incumplirla (Tholstoi, Ghandi, Luther King).

Pero un derrumbe o una inundación son efectos multicausales de la ausencia de arquitectura y la proliferación del mal diseño: el urbanismo depredador, las ingenierías tramposas, la gestión municipal corrupta, la construcción sin ética.

Para que haya arquitectura debe haber algunos ingredientes: buena economía, paz y concordia en los usuarios y también profundidad intelectual; la insoportable paciencia y el imposible silencio de la prospección son necesarios en este proceso de modificar para siempre el entorno.

La arquitectura no se trata de construir sino de pensar. El resultado más lógico de la arquitectura es la construcción pero no toda obra habitable es arquitectura. Decidir dónde van los muros y columnas, puertas y ventanas, escaleras, pisos y losas… eso no te hace arquitecto. La casualidad y el azar trabajan diaria e incansablemente en la autoconstrucción o arquitectura amateur. Hay intención, luego hay proyecto.

Y efectivamente, hay gente que no necesita un arquitecto ya sea porque desconoce el motivo y razón de su existencia o porque tiene toda la arquitectura que necesita, tal vez solo necesita saber que su entorno puede ser agradable, seguro, saludable, es decir, medianamente mejor.

Y hay quien tiene un techo suficientemente sólido, una ventana más o menos funcional, cuatro muros de cemento que van a pintar de vez en cuando; una puerta con llave que disuade al ladronzuelo. ¿Quién necesita un arquitecto?

Les aseguro que los ocupantes del Palacio Nacional no necesitan a un arquitecto… ¿Para qué? 


[1]KOOLHAAS Rem, Bruce Mau S,M,L,XL ,The Monacelli Press 1995

Miguel Alejandro Aldanamike@aldanasanchez.com
Ingeniero Arquitecto del IPNMaster en Urbanismo por la Ibero – UPC BarcelonaDIrector Responsable de Obra en el Estado de TabascoSecretario Propietario de Acción Gremial del Colegio de Arquitectos TabasqueñosEmpresario fundador de la Unidad de Verificación Ambiental No. 118 y Aldana Sánchez Ingenieros Arquitectos.

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