Rompecabezas humano: Un país de lectores pasivos

Por David Rivera.

Leer es, según la RAE, “pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados”; pero leer, es mucho más que eso: es viajar, imaginar, emocionarte, explorar sentimientos que nunca creíste encontrar y que esperaban en tu interior para salir en el momento adecuado porque, como dice el escritor y político inglés Joseph Addison “la lectura es a la mente, lo que el ejercicio al cuerpo”.

Pero, ¿habrá quienes practiquen este hábito?,  ¿existen lectores en México o es una más de sus leyendas? En México, en cuanto a lectura se refiere, los índices de se encuentran en una balanza, la cual parece que se inclina hacia el lado del precipicio.

Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI), en México se leen en promedio 3.4 libros al año por persona. El 38.7% de los mexicanos lee por entretenimiento; mientras que el 27.1% lo hace como parte de las actividades de trabajo y/o estudio; el 25.5% lee por cultura general y tan solo el 7.4% de la población en México lee por motivos religiosos.

Según la UNESCO, sólo el 2% de los mexicanos tiene un hábito real de lectura. La última encuesta nacional sobre este tema, hecha en México, señala que el 41% de la población usa su tiempo libre en ver televisión y menos de 12% se dedica a leer. Entre los jóvenes de 12 a 17 años, 30% dice que no le gusta leer, 61% que «no tiene tiempo» y 48% afirma que nunca ha acudido a una biblioteca.

Esto es, por decir lo menos, un gran problema, y más si estas cifras se comparan con nuestro país vecino, Estados Unidos de América, el cual, según datos de la Asociación Nacional para la Educación de Estados Unidos (NEA), 57% de la población norteamericana acostumbra a leer.

Michel de Certau, filósofo francés, en su obra “La invención de lo cotidiano: tomo 1: artes de hacer” clasifica al lector en tres tipos: lector pasivo, quien es quien se restringe a las reglas; el lector actor, quien reacciona a las lecturas y las interpreta; y el lector furtivo, quien es selectivo con las lecturas, crea el texto y, asimismo, trasciende éste. Tristemente, y en base a la información antes mencionada, se podría dilucidar que en México el nivel de lectores sería el más bajo, es decir, el lector pasivo, esto debido a la poca cultura que se posee para con los libros en el país.

Uno de los principales motivos por los que en México se encuentran estos datos tan desalentadores (y es algo que de Certau recalca en su obra), es la imposición de modos de lectura que se le entrega al colectivo social, siendo estos otorgados sin ningún tipo de cambio alguno por las instituciones que rigen a la sociedad, manteniendo su postura con respecto a lo que se debe o no de leer.

Lo principal que se podría hacer en estos casos es, simple y sencillamente, promocionar la lectura, es decir, hacer de ella algo novedoso, que impulse a los ciudadanos a querer cosechar este hábito; y esto se puede conseguir a través de la difusión por diferentes instituciones y la renovación total de los sistemas impuestos, porque leer no debe ser una obligación sino un placer, el cual te brindará grandes beneficios a lo largo de tu vida, tal como lo dijo Miguel de Cervantes “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”.

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