Un México sólo para blancos*

Por: Noelia Pérez Madrigal

En marzo pasado, las redes sociales atestiguaron el nacimiento de un movimiento social en los Estados Unidos. Se trataba de nuevas protestas para exigir al gobierno de Biden que tomara cartas contra los ataques racistas hacia la comunidad asiática en ese país, ya que recientemente había ocurrido un tiroteo en un local de masajes en Atlanta, Georgia, en donde la mayoría de los fallecidos eran de origen asiático.

Lo curioso es que en las marchas no sólo se manifestaban personas de origen asiático, sino que también participaba gente caucásica, afroamericana, e incluso latina. Lo mismo sucedió en las redes sociales, en donde hasta cantantes y actores de prestigio internacional se sumaron con el hashtag #StopAsianHate.

Pero no es la primera vez que la población norteamericana se reúne para protestar contra el racismo, pues cuando sucedió el asesinato de George Floyd, tuvieron la misma reacción.

Sin embargo, esto es algo que sucede en Estados Unidos, no en México, en donde las palabras racismo y xenofobia carecen de significado en la cotidianidad de los ciudadanos; porque sí, en México existe el racismo desde hace mucho tiempo, y aunque la mayoría cree que eso es parte del pasado, desafortunadamente es todavía muy común.

“Prietos”, “indios”, “nacos” o “de color cartón” son algunas de las expresiones que a diario se escuchan, leen y reproducen en México para referirse a las personas con rasgos indígenas o afrodescendientes. Es un problema social al que se le ha restado importancia; y es que, parece algo tan común en el país que, hasta cierto punto, los ciudadanos creen que no es un conflicto que pueda afectar a una buena parte de la población.

Escuchar a los “famosos de la televisión” decir que tal persona es una “naca”, un “indio”, que viste como “chacha” o que el sol lo dejó “prieto”, asusta a más de uno porque sabemos que no es lo correcto, ya que se está ofendiendo a una persona por su apariencia física, utilizando términos despectivos hacia una etnia en particular; pero cuando la población en general, es decir, la personas que no están en el foco del ojo público, lo expresan sin tapujos, causa cierta gracia o, simplemente, pasa desapercibido y no hay represalias por ello. Esto quiere decir que como sociedad hemos establecido el uso de expresiones ofensivas hacia personas indígenas o afrodescendientes, o con rasgos típicos de nuestras etnias, que sólo pueden utilizarse en la comodidad de la vida privada de cada individuo, pero que no se puede emplear explícitamente frente a una gran cantidad de personas porque sería inmoral.

Es irónico ver que en la televisión mexicana, ya sean novelas, películas o comerciales, los personajes principales siempre son los típicos occidentales de tez blanca: altos, con figuras esbeltas, de cabello y ojos claros y que tienen una posición socioeconómica acomodada. Esto también se observa en la escenografía totalmente americanizada que a diario nos presentan. De forma implícita, nos inyectan una idea de lo que es “agradable” para la vista.

México aún está muy alejado de la erradicación del racismo y la xenofobia dentro de la sociedad. Si iniciamos por los medios de comunicación, en donde nos enseñan que los blancos son los ricos y los morenos los pobres -porque sí, para la sociedad mexicana ser moreno significa ser la sirvienta, el obrero, el “ratero”, el naco, etc. – entonces, desde esa perspectiva es posible comprender que la sociedad mexicana está sumergida en la intolerancia hacia su propia cultura.

El racismo se puede expresar de muchas formas, pero debido a la poca información que se proporciona en las escuelas sobre el tema, las nuevas generaciones no logran comprender la gravedad de la situación que el país enfrenta con respecto a la discriminación que existe hacia los indígenas y afrodescendientes.

Puede que la mayoría de los mexicanos no crea que prevalece un desbalance entre ser blanco y moreno en México, pero hay muchos ejemplos actuales que lo demuestran; como el caso de las escuelas públicas, donde entre más hacia el norte o el centro del país se encuentre, la posibilidad de que abunden las personas con rasgos caucásicos es mayor, por lo tanto, la infraestructura de las instalaciones educativas y la educación que imparten en estas siempre serán mejores; pero si nos concentramos en un pueblo indígena, ubicado a ciento de kilómetros de la ciudad más cercana. y comparamos las escuelas que hay allí con las de una ciudad, como las de la Ciudad de México, podemos comprobar que existe una gran diferencia.

Así como este hay muchos otros ejemplos que confirman que en México, para tener oportunidades y una vida cómoda, es necesario nacer blanco.

Fuentes: Los tonos de los desafíos democráticos: El color de la piel y la raza en México. Política y Gobierno de R. Aguilar / El País / Instituto Mexicano de Derechos humanos y Democracia. Foto: Internet.

*”Un México sólo para blancos” es un trabajo de la estudiante Noelia Pérez Madrigal para la materia Periodismo de Opinión que imparte el Mtro. Erasmo Marín Villegas en la Licenciatura en Comunicación de la UJAT. Edición a cargo de la Revista Gestión Empresarial.

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